domingo, 21 de febrero de 2021
173 años del manifiesto comunista
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#UnDíaComoHoy, el 21 de febrero de 1848 se publica por primera vez el Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Carlos Marx y Federico Engels. Esta obra demuestra, de manera científica, el papel histórico del proletariado, clase llamada a sepultar el capitalismo y construir una sociedad sin clases sociales.
La importancia del Manifiesto para el movimiento revolucionario es grande, al respecto Lenin señalaría que: “Esta obra expone, con una claridad y una brillantez geniales, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente aplicado también al campo de la vida social, la dialéctica como la más completa y profunda doctrina del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico mundial del proletariado como creador de una sociedad nueva, de la sociedad comunista.” Reconociendo de esta manera el profundo contenido teórico y su enorme importancia científica.
El Manifiesto Comunista es consecuencia de un gran trabajo de investigación, de un enorme esfuerzo teórico por parte de Marx y Engels; el escrito se convierte en una visión materialista de la historia, del desarrollo del capitalismo y las clases sociales que se confrontan; en él se establece el rol de la clase obrera y de la organización que dirigirá la lucha por la revolución, así como delas medidas que se tomarán en la sociedad que remplazará a la actual. A la vez, se constituye en una sistematización de la experiencia de lucha de los trabajadores y pueblos. A mediados del siglo XIX, la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado comenzó a conmover la vida de los países más desarrollados de Europa. En Lyon, el centro de la industria textil francesa, tuvo lugar la primera revuelta de obreros en 1831. Entre 1838 y 1842, el movimiento de los cartistas ingleses, llegó a su punto culminante. En Alemania, las masas proletarias comenzaron a plantear sus demandas en los años cuarenta, como fue el caso de la revuelta de los tejedores de Silesia en 1844. Las luchas obreras crecían en la medida que el capital industrial rompía fronteras, la producción artesanal cedió su lugar a la producción maquinizada a gran escala, y los pequeños artesanos cayeron bajo el dominio del gran capital.
La riqueza de la experiencia histórica sólo podía ser sistematizada por una teoría nueva, que descubra la esencia de las relaciones capitalistas de producción. Según su amigo de lucha, esta teoría maduró en la mente de Marx en 1845 y se la expuso a Engels cuando se reunieron en Bruselas, en la primavera de 1845.
Para esta titánica acción, Marx depuró del método dialéctico de Hegel su contenido idealista; recogió los elementos más importantes del materialismo contemplativo de Feuerbach, combinando la ciencia con la práctica revolucionaria, aplicando el materialismo al estudio de la historia de la sociedad humana.
Como lo señala Adoratsky: “Los resultados del trabajo de propaganda realizado por Marx y Engels no tardaron en hacerse sentir. En el invierno de 1846-1847, Joseph Moll, uno de los miembros del Comité Central de la Liga de los Justos, fue delegado en Londres para visitar a Marx en Bruselas. Moll fue facultado por sus camaradas para invitar a Marx y Engels a unirse a la Liga, y transmitió la solicitud a Marx para que, si él y Engels estuvieran de acuerdo en unirse, participen en el próximo Congreso y expongan ahí sus puntos de vista teóricos, de tal manera que puedan ser publicados como el programa oficial de la Liga.”
En el Congreso de la Liga, reunido en el verano de 1847, en Londres, tuvo lugar su reorganización, aprobándose sus estatutos, en los que la tarea de la organización se definía de la siguiente manera: “El derrocamiento de la burguesía, la dominación del proletariado, la destrucción de la vieja sociedad burguesa basada en los antagonismos de clase, y el establecimiento de una nueva sociedad sin clases y sin propiedad privada.”
Para que la Liga adopte un programa justo, los debates aún continuaron, Marx en el II Congreso desarrolló la explicación de los elementos principales; todas las discrepancias fueron superadas y el Congreso reconoció, por unanimidad, como correctos los puntos de vista esbozados y defendidos por Marx. Es en este evento en que se le encarga a él y su amigo Engels para que elaboren un manifiesto que sería asumido como programa de la misma. El manuscrito del Manifiesto fue enviado a finales de enero de 1848, de Bruselas a Londres, donde se imprimió y vio la luz del día en febrero de 1848.
“Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.” señalarían Marx y Engels en el Manifiesto.
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Como lo señalara Umberto Eco, el Manifiesto Comunista “comienza con un formidable golpe de timbal, como la Quinta Sinfonía de Beethoven: “Un fantasma recorre Europa” (no olvidemos que estamos todavía cerca del florecimiento prerromántico y romántico de la novela gótica, y los espectros son entitades que hay que tomarse en serio). Sigue justo después una historia a vuelo de águila de las luchas sociales, desde la antigua Roma hasta el nacimiento y desarrollo de la burguesía, y las páginas dedicadas a las conquistas de esta nueva clase “revolucionaria” constituyen su poema fundador, todavía válido para quienes apoyan el liberalismo.”
El primer capítulo, titulado “Burgueses y proletarios”, ofrece una reseña del desarrollo histórico de la sociedad capitalista, describe el papel desempeñado por la burguesía en la historia y el origen del proletariado, en estas páginas se explica el proceso de transformación de la clase obrera y revela su papel como “sepulturero” de la burguesía.
El segundo capítulo, “Proletarios y comunistas”, describe el papel del partido comunista y su relación indisoluble con la clase obrera como vanguardia de la clase. “Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto” lo señalaron en su obra.
En esta parte, Marx y Engels demuestran que la destrucción de la propiedad burguesa garantiza la propiedad personal de los trabajadores, pues es la propia industria y el desarrollo del capitalismo la que la abolió.
Al final del capítulo se enumeran las medidas revolucionarias que deberá realizar el proletariado al llegar al poder. El desarrollo de la lucha de clases determinó que se ratifiquen los principios generales aunque varias de las medidas prácticas deberían ser revisadas, este criterio es expresado por los propios autores en el prólogo a la edición alemana de 1872.
El tercer capítulo es un análisis de las distintas formas de socialismo existentes a la época, es una crítica a las corrientes burguesas o pequeñoburguesas al interno del movimiento obrero, que esconden sus intenciones anti revolucionarias bajo un lenguaje “revolucionario”
En el cuarto capítulo se aborda la táctica del Partido Comunista. “Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero, al mismo tiempo, defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de ese movimiento.” “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos.
Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.” De esta manera termina esta obra histórica, que guía al proletariado internacional por 173 años.
En esta obra Marx y Engels desnudaron el capitalismo, establecieron los primeros pincelazos de la crítica al sistema, misma que se profundizará en El Capital. Los maestros del proletariado establecieron como principios fundamentales de esta sociedad:
a) la propiedad privada de los medios de producción y b) la explotación del hombre por el hombre.
Los EEUU, los países europeos, Japón, Rusia, China han devastado, saqueado y esclavizado a cientos de millones de personas en África, Asia, América Latina y el Caribe, entre otros territorios.
Según los últimos estudios de Oxfam: “Desde el año 2010, la riqueza de esta élite económica ha crecido en un promedio del 13% al año; seis veces más rápido que los salarios de las personas trabajadoras que apenas han aumentado un promedio anual del 2%. Entre marzo de 2016 y marzo de 2017 se produjo el mayor aumento de la historia en el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares, con un nuevo milmillonario cada dos días.” Como se puede apreciar, los datos demuestran la tesis establecida en el Manifiesto, que el capitalismo ha convertido a la dignidad personal en un simple valor de cambio.
La actual globalización capitalista ha mercantilizado no sólo todas las relaciones sociales, los productos de la naturaleza, los sentimientos, sino incluso los propios órganos humanos y hasta el material genético. Hoy son mercancías todas las cosas, desde las más microscópicas hasta las más descomunales.
“La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo” señaló Marx en el Manifiesto, y no se equivocó.
Las cadenas de valor están extendidas en las ramas del automóvil, textiles, electrónica y otras. Un teléfono Apple, por ejemplo, es fabricado en EEUU, Japón, Corea del Sur, Países Bajos, Francia, Italia, China y a veces incluso India y Vietnam. Un avión Boeing 787 es producido en 66 países diferentes.
El desarrollo de la ciencia y la tecnología no han suprimido la relación capital – trabajo, se ha perfeccionado, convirtiéndose los procesos productivos en una verdadero desangre de plusvalía.
En América Latina y el Caribe, el 16% de los trabajadores asalariados y el 28% de los trabajadores por cuenta propia se encuentran en situación de pobreza, es decir, ganan menos de un dólar diario. Las protestas protagonizadas por los trabajadores, jóvenes, mujeres, en varios países de Europa, América y Asia, son resultados concretos de la lucha de clase de los pueblos que no aceptan tales condiciones y resisten colectivamente a la política reaccionaria de la clase dominante.
El análisis actual que se puede hacer del Manifiesto Comunista constata el fracaso histórico del capitalismo y su fase imperialista, este fracaso ha tenido como contrario la resistencia popular, a través de varias formas, la lucha armada, la participación electoral, el combate a la corrupción, la lucha por salarios justos entre otros, reafirman la vigencia y actualidad del pensamiento revolucionario en pleno siglo XXI.
miércoles, 4 de noviembre de 2020
Carlos Marighella
#UnDíaComoHoy, el 4 de noviembre de 1969, el revolucionario, guerrillero y poeta Carlos Marighella era emboscado y abaleado por la cobarde dictadura militar brasileña, creyeron que al matarlo acabarían con las ideas de libertad y justicia social, más su sangre fue abono que hizo germinar a miles más que continúan su lucha contra el capitalismo y su modelo económico de explotación y pobreza.
A los 18 años inició un curso de Ingeniería en la Escola Politécnica da Bahia y se afilió al Partido Comunista. Conoció la prisión por primera vez en 1932, después de escribir un poema que contenía críticas al interventor de Bahía. En 1932 se traslada a Río de Janeiro. El 1 de mayo de 1936 Marighella fue nuevamente arrestada y enfrentó, durante 23 días, las terribles torturas de la policía.
Permaneció encarcelado durante un año, siendo liberado por “macedada”, el nombre de la medida que liberó a presos políticos sin condena. Trasladarse a São Paulo, Marighella comenzó a actuar en dos ejes: la reorganización de los revolucionarios comunistas, duramente golpeados por la represión, y la lucha contra el terror impuesto por la dictadura de Getúlio Vargas.
Volvería a las cárceles en 1939, nuevamente siendo brutalmente torturado en la Comisaría de São Paulo para el Orden Político y Social (DOPS), pero negándose a brindar información a la policía. Retirado a las cárceles de Fernando de Noronha e Ilha Grande durante los siguientes seis años, dirigiría su energía revolucionaria a la labor de educación cultural y política de sus compañeros de prisión.
Amnistiado en abril de 1945, participó en el proceso de redemocratización del país y la reorganización del Partido Comunista en términos legales. Fue elegido diputado federal constituyente por el estado de Bahía. Con el mandato revocado por la represión que el gobierno de Dutra desató contra los comunistas, Marighella se vio obligada a volver a la clandestinidad en 1948, condición en la que permanecería durante más de dos décadas, hasta su asesinato.
En la década de 1950, nuevamente ejerciendo la militancia en São Paulo, participaría activamente en las luchas populares de la época, en defensa del monopolio petrolero estatal y contra el envío de soldados brasileños a Corea y la desnacionalización de la economía. Cada vez más, Carlos Marighella volcó sus reflexiones hacia el problema agrario, escribiendo, en 1958, el ensayo “Algunos aspectos de la renta de la tierra en Brasil”, el primero de una serie de análisis teórico-políticos que elaboró hasta 1969.
Después del Golpe militar de 1964, Marighella fue arrestada nuevamente. Repitiendo la postura altiva de cárceles anteriores, Marighella hizo de su defensa un ataque a los crímenes y oscurantismo que había gobernado desde el 1 de abril. Con ello logró catalizar un movimiento de solidaridad que obligó a los militares a aceptar un hábeas corpus y su inmediata liberación. A partir de ese momento, intensificó la lucha contra la dictadura con todos los medios de lucha en un intento por evitar la consolidación de un régimen ilegal e ilegítimo.
En la ocasión, Carlos Marighella profundizó sus desacuerdos con el viejo Partido Comunista, criticando su inmovilidad. En diciembre de 1966, en carta al Comité Ejecutivo del PCB, pidió su destitución, explicando la voluntad de luchar revolucionariamente con las masas, en lugar de esperar las reglas del juego político y burocrático convencional que, según él, imperaba en el liderazgo. Y cuando no había otra solución, según sus propias palabras, fundó ALN - Acción Libertadora Nacional para enfrentar la dictadura, con las armas en la mano.
La noche del 4 de noviembre de 1969, sorprendido por una emboscada, Carlos Marighella cayó a balazos de agentes represivos.
#Marighella #Brasil #Guerrillero