Juventud Revolucionaria del Ecuador


lunes, 28 de junio de 2021

Día del orgullo LGBTI+

junio 28, 2021

 #UnDíaComoHoy, el 28 de junio de 1969, comenzó la rebelión de Stonewall en las primeras horas. El Departamento de Policía de Nueva York, como parte de su política de cierre de bares gay, hizo una redada en el Stonewall Inn, que contaba con una importante clientela LGBTI+ pobre y de clase trabajadora. Sin embargo, por primera vez en la ciudad, en lugar de someterse a la detención, una multitud comenzó a reunirse alrededor de la policía. 





Dentro del bar, disidentes de género, mujeres trans y lesbianas empezaron a resistirse a los registros corporales invasivos. En el exterior, una lesbiana se defendió de la policía cuando la detuvieron, pidiendo a la multitud que se había formado que "hiciera algo". Según algunos testigos presenciales y su propio relato, esta persona era Stormé DeLarverie, una lesbiana birracial y artista drag, que era conocida como "guardiana de las lesbianas" en el Village, aunque esto es cuestionado por otros que señalan el hecho de que el único antecedente policial de una lesbiana detenida esa noche fue el de una tal Marilyn Fowler.

La multitud, que incluía un número significativo de clientes y transeúntes LGBTI+ de raza negra, latina y blanca, comenzó entonces a luchar físicamente contra la policía, desencadenando disturbios que duraron seis días. Entre los implicados en los disturbios se encontraban activistas como Marsha P. Johnson y John O'Brien, el popular músico folk Dave Van Ronk, así como muchas otras personas.

Después, los participantes y otros "radicales" LGBTI+ crearon el Frente de Liberación Gay, que revolucionó el movimiento por los derechos de la comunidad gay. Organizaron protestas de aniversario el 28 de junio del año siguiente en Nueva York, Los Ángeles, San Francisco y otros lugares. Esto se convirtió en la celebración anual del Orgullo LGTBI+ que continúa hasta hoy en todo el mundo.

Hoy, 52 años después, se desarrollan con cada vez más fuerza marchas, plantones y acciones permanentes no sólo en el día del #Orgullo LGBTI+, cuyo objetivo es visibilizar a la comunidad, rechazar la lgtbifobia, discriminación, violencia de género, luchar por la inclusión, derechos laborales, matrimonio civil igualitario y otros.

#Pride #pride2021 #AmorEsAmor #orgullolgbti #lgtbi #OrgulloLGTBI+ 🏳️‍🌈

jueves, 18 de marzo de 2021

150 años de la Comuna de París

marzo 18, 2021

El momento en el que se produce la insurrección que inició el 18 de marzo es la Guerra Franco-Prusiana que provocó la caída del gobierno imperial de Napoleón III y el sometimiento de París a un sitio que inició el 19 de septiembre de 1870 y culminó el 28 de enero de 1871 con la entrada triunfal del ejército prusiano y la proclamación imperial de Guillermo I de Alemania en el Palacio de Versalles.

En ese contexto, tras la rendición de Luis Bonaparte, los obreros de París proclaman la República (4 de septiembre de 1870); sin embargo los iniciales actos del Gobierno Provisional de la Defensa Nacional bastaron para revelar que no habían heredado del Imperio solamente un montón de ruinas, sino también su miedo a la clase obrera. El gobierno de la Tercera República, presidido por Adolphe Thiers, desde el primer momento renuncia a expulsar a los prusianos y romper el asedio a París, en aras de alcanzar un pacto y la capitulación.

El Comité Central, en representación del pueblo armado, se constituye en gobierno provisional revolucionario y convoca inmediatamente elecciones municipales. “Los proletarios de la capital, en medio de los fracasos y de las traiciones de las clases dominantes, se han dado cuenta que ha llegado la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos... Han comprendido que es su deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueño de sus propios destinos, tomando el poder”, decía el Manifiesto del Comité Central emitido el 18 de marzo.

El ejemplo de los obreros parisinos se extiende y entre los días del 22 al 25 de marzo se proclaman Comunas en las ciudades de Lyon, Saint-Etienne, Le Creusot, Marsella, Narbona y Toulouse pero por debilidades organizativas sólo se mantiene el movimiento en Narbona y Marsella.

El domingo 26 se realizaron las elecciones a la Comuna de París. El pueblo designó un concejal por cada 20 mil electores y por fracción de 10 mil, noventa en total. El Comité Central expresó el deseo de que en el futuro se considere el voto nominal como el más adecuado a los principios democráticos y, conforme a esto, los suburbios obreros votaron con papeleta abierta. Sufragaron 227 mil parisinos, muchos más que en las elecciones de febrero. La respuesta de Thiers fue la siguiente: “No, Francia no dejará que triunfen en su seno los miserables que quieren bañarla en sangre”.

Sin embargo, París no aceptaba rendirse y por ello la Asamblea Nacional y el gobierno de Thiers abandonan la capital para instalarse en Versalles y desde allí doblegar a los rebeldes. La Guardia Nacional Francesa, que en realidad era una milicia ciudadana, asume las funciones de gobierno. Ésta reunía a 200 mil personas, la mayoría de ellos obreros, y desde que inició el asedio de la ciudad creció enormemente, contaba con más de 250 batallones que elegían a sus propios oficiales y poseía armamento fabricado en la ciudad.

“París en armas era la revolución en armas. El triunfo de París sobre el agresor prusiano habría sido el triunfo del obrero francés sobre el capitalista francés y sus parásitos dentro del Estado. En este conflicto entre el deber nacional y el interés de clase, el Gobierno de Defensa Nacional no vaciló un instante en convertirse en un gobierno de traición nacional”[1], por eso, en enero de 1871, Thiers firma un armisticio con los alemanes, en pro de llegar a un tratado de paz que contemplaba en primer lugar el desarme de la capital.

Dos mil delegados de la federación de batallones de la Guardia Nacional respondieron al armisticio con la designación de un Comité Central de la Guardia que aprobó un nuevo estatuto para su reorganización y, además, resolvió su negativa a dejarse desarmar.

El gobierno de Thiers ordena confiscar el armamento de la Guardia Nacional, para lo cual las tropas de Versalles ingresan a Paris la madrugada del 18 de marzo, pero París despierta y las mujeres son las primeras que rodean a los agresores. Los gritos de ¡Viva la Comuna! se escuchan en toda la ciudad; los batallones de la Guardia Nacional están en pie y en los barrios los pobladores construyen barricadas. Hasta el mediodía la tentativa del gobierno ya había fracasado.

domingo, 28 de febrero de 2021

SOBRE LA DISCIPLINA INTELECTUAL

febrero 28, 2021

"La educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo."


Por: Paulo Freire
Paulo Freire


Ya me he referido a la necesidad de la disciplina intelectual que los educandos deben construir en sí mismos con la colaboración de la educadora. Sin esta disciplina no se crean el trabajo intelectual, la lectura seria de los textos, la escritura cuidada, la observación y el análisis de los hechos ni el establecimiento de las relaciones entre ellos. Y que a todo esto no le falte el gusto por la aventura, por la osadía, pero que igualmente no le falte la noción de límites, para que la aventura y la osadía de crear no se conviertan en irresponsabilidad licenciosa. Es preciso ahuyentar la idea de que existen disciplinas diferentes y separadas: una intelectual y otra del cuerpo, que tiene que ver con horarios y entrenamientos, otra disciplina ético-religiosa, etc. Lo que puede suceder es que determinados objetivos exijan caminos disciplinarios diferentes. Sin embargo, lo principal es que si la disciplina exigida es saludable, lo es también la comprensión de esa disciplina; si es democrática la forma de crearla y de vivirla, si son saludables los sujetos forjadores de la disciplina indispensable, ella siempre implica la experiencia de los límites, el juego contradictorio entre la libertad y la autoridad, y jamás puede prescindir de una sólida base ética. En este sentido, nunca pude comprender que en nombre de ética alguna la autoridad pueda imponer una disciplina absurda simplemente para ejercitar en la libertad, acomodándose a su capacidad de ser leal, la experiencia de una obediencia castradora. 


No hay disciplina en el inmovilismo, en la autoridad indiferente, distante, que entrega sus propios destinos a la libertad, en la autoridad que renuncia en nombre del respeto a esa libertad. Pero esta última tampoco existe en el inmovilismo, en el que la autoridad le impone su voluntad, sus preferencias, como las mejores para ella misma. Inmovilismo al que se somete la libertad, intimidada, o movimiento de la pura sublevación. Al contrario, sólo hay disciplina en el movimiento contradictorio entre la coercibilidad necesaria de la autoridad y la búsqueda despierta de la libertad para asumirse como tal. Es por esto que la autoridad que se hipertrofia en el autoritarismo o se atrofia en libertinaje, perdiendo el sentido del movimiento, se pierde a sí misma y amenaza la libertad. En la hipertrofia de la autoridad, su movimiento se fortalece a tal punto que inmoviliza o distorsiona totalmente el movimiento de la libertad. La libertad inmovilizada por una autoridad arbitraria o chantajista es aquella que, sin haberse asumido como lo que es, se pierde en la falsedad de movimientos no auténticos. 


Para que haya disciplina es preciso que la libertad no sólo tenga el derecho de decir «no», sino que lo ejerza frente a lo que se le propone como la verdad y lo cierto. La libertad precisa aprender a afirmar negando, no por el puro negar sino como criterio de certeza. Es en este movimiento de ida y vuelta como acaba por internalizar la autoridad y se transforma en una libertad con autoridad, única manera de respetarla en cuanto autoridad. 


Es de indiscutible importancia la responsabilidad que tenemos, en cuanto seres sociales e históricos portadores de una subjetividad que desempeña un papel importante en la historia, en el proceso de ese movimiento contradictorio entre la autoridad y la libertad. Responsabilidad política, social, pedagógica, ética, estética, científica. Pero al reconocer la responsabilidad política superemos también la politiquería, al subrayar la responsabilidad social digamos «no» a los intereses puramente individualistas, al reconocer los deberes pedagógicos dejemos de lado las ilusiones pedagogistas, al demandar la práctica ética huyamos de la fealdad del puritanismo y entreguémonos a la invención de la belleza de la pureza. Finalmente, al aceptar la responsabilidad científica, rechazemos la distorsión cientificista. 


Tal vez algún lector o lectora más «existencialmente cansados» e «históricamente anestesiados»  digan que estoy soñando demasiado. Soñando, sí, puesto que como ser histórico si no sueño no puedo estar siendo. Demasiado, no. Hasta creo que soñamos poco al soñar estos sueños tan fundamentalmente indispensables para la vida o para la solidificación de nuestra democracia: la disciplina en el acto de leer, de escribir, de escribir y leer, en el de enseñar y aprender, en el proceso placentero pero difícil de conocer; la disciplina en el respeto y en el trato de la cosa pública; en el respeto mutuo. 


No vale decir que como maestro o como maestra «no importa la profundidad en la que trabaje, poca importancia tendrá lo que haga o deje de hacer, tendrá poca importancia en vista de lo que pueden hacer los poderosos en favor de sí mismos y en contra de los intereses nacionales». Ésta no es una afirmación ética. Simplemente es interesada y acomodada. Lo peor es que acomodándose, mi inmovilidad se convierte en motor de más desvergüenza. Mi inmovilidad, producida o no por motivos fatalistas, funciona como acción eficaz en favor de las injusticias que se perpetúan, de los descalabros que nos afligen, del atraso de las soluciones urgentes. 


No se recibe democracia de regalo. Se lucha por la democracia. No se rompen las amarras que nos impiden ser con una paciencia de buenas maneras sino con el pueblo movilizándose, organizándose, conscientemente crítico. Con las mayorías populares no sólo sintiendo que vienen siendo explotadas desde que se inventó el Brasil, sino uniendo también al sentir el saber que están siendo explotadas, el saber que les da la raison d’être del fenómeno, tal como alcanza preponderantemente el nivel de su sensibilidad. 


Al hablar de sensibilidad del fenómeno y de aprehensión crítica del fenómeno no estoy de ninguna manera sugiriendo algún tipo de ruptura entre sensibilidad, emociones y actividad cognoscitiva. Ya dije que conozco con todo mi cuerpo: con los sentimientos, con las emociones, con la mente crítica. 


Dejemos bien claro que el pueblo que se moviliza, el pueblo que se organiza, el pueblo que conoce en términos críticos, el pueblo que profundiza y afianza la democracia contra cualquier aventura autoritaria, es igualmente un pueblo que forja la disciplina necesaria sin la cual la democracia no funciona. En el Brasil casi siempre oscilamos entre la ausencia de disciplina por la negación de la libertad y la ausencia de disciplina por la ausencia de autoridad. 


Nos falta disciplina en casa, en la escuela, en las calles, en el tránsito. Es asombroso el número de personas que mueren todos los fines de semana por pura indisciplina, o lo que gasta el país en estos accidentes o en los desastres ecológicos. 
Otra falta de respeto evidente hacia los otros, tan nefasta como la manera como venimos siendo indisciplinados, es la licenciosidad, la irresponsabilidad con la que en este país se mata impunemente.

 
Dominadas y explotadas en el sistema capitalista, las clases populares necesitan —al mismo tiempo que se comprometen en el proceso de formación de una disciplina intelectual— ir creando una disciplina social cívica, política, absolutamente indispensable para una democracia que vaya más allá de la simple democracia burguesa y liberal. Una democracia que finalmente persiga la superación de los niveles de injusticia y de irresponsabilidad del capitalismo. Ésta es una de las tareas a las que debemos entregarnos, y no a la mera tarea de enseñar en el sentido equívoco de transmitir el saber a los educandos. 


El maestro debe enseñar. Es preciso que lo haga. Sólo que enseñar no es transmitir conocimiento. Para que el acto de enseñar se constituya como tal es preciso que el acto de aprender sea precedido por, o concomitante de, el acto de aprehender el contenido o el objeto cognoscible, con el que el educando también se hace productor del conocimiento que le fue enseñado. 


Sólo en la medida en que el educando se convierta en sujeto cognoscente y se asuma como tal, tanto como el maestro también es un sujeto cognoscente, le será posible transformarse en sujeto productor del significado o del conocimiento del objeto. Es en este movimiento dialéctico en donde enseñar y aprender se van transformando en conocer y reconocer, donde el educando va conociendo lo que aún no conoce y el educador reconociendo lo antes sabido. 


Esta forma de no sólo comprender el proceso de enseñar sino de vivirlo, exige la disciplina de la que vengo hablando, que no puede a su vez dicotomizarse frente a la disciplina política indispensable para la invención de la ciudadanía. Sí, en cambio, frente a la ciudadanía, sobre todo en una sociedad como la nuestra, de tradiciones tan autoritarias y discriminadoras desde el punto de vista del sexo, de la raza y de la clase. La ciudadanía realmente es una invención, una producción política. En este sentido, su pleno ejercicio por quien sufre cualquiera de las discriminaciones, o todas al mismo tiempo, no es algo que se usufructúe como un derecho pacífico y reconocido. Al contrario, es un derecho que tiene que ser alcanzado y cuya conquista hace crecer sustantivamente la democracia. Ésta es la ciudadanía que implica el uso de la libertad —de trabajar, de comer, de vestir, de calzar, de dormir en una casa, de mantenerse a sí mismo y a su familia, de amar, de sentir rabia, de llorar, de protestar, de apoyar, de desplazarse, de participar en tal o cual religión, en tal o cual partido, de educarse a sí mismo y a la familia, la libertad de bañarse en cualquier mar de su país —. La ciudadanía no llega por casualidad: es una construcción que, jamás terminada, exige luchar por ella, exige compromiso, claridad política, coherencia, decisión. Es por esto mismo que una educación democrática no se puede realizar al margen de una educación de y para la ciudadanía.


Cuanto más respetemos a los alumnos y a las alumnas independientemente de su color, sexo y clase social, cuantos más testimonios de respeto demos en nuestra vida diaria, en la escuela, en las relaciones con nuestros colegas, con los porteros, cocineras, vigilantes, padres y madres de alumnos, cuanto más reduzcamos la distancia entre lo que hacemos y lo que decimos, tanto más estaremos contribuyendo para el fortalecimiento de las experiencias democráticas. Estaremos desafiándonos a nosotros mismos a luchar más en favor de la ciudadanía y de su ampliación. Estaremos forjando en nosotros mismos la disciplina intelectual indispensable sin la cual obstaculizamos nuestra formación así como la no menos necesaria disciplina política, fundamental para la lucha en la invención de la ciudadanía.



Publicado en el  libro "Professora sim; tia não: cartas a quem ousa ensinar" de Paulo Freire

domingo, 21 de febrero de 2021

173 años del manifiesto comunista

febrero 21, 2021

(Para retomar la lectura de Facebook, baje hasta el indicador)


#UnDíaComoHoy, el 21 de febrero de 1848 se publica por primera vez el Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Carlos Marx y Federico Engels. Esta obra demuestra, de manera científica, el papel histórico del proletariado, clase llamada a sepultar el capitalismo y construir una sociedad sin clases sociales.


La importancia del Manifiesto para el movimiento revolucionario es grande, al respecto Lenin señalaría que: “Esta obra expone, con una claridad y una brillantez geniales, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente aplicado también al campo de la vida social, la dialéctica como la más completa y profunda doctrina del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico mundial del proletariado como creador de una sociedad nueva, de la sociedad comunista.” Reconociendo de esta manera el profundo contenido teórico y su enorme importancia científica.


El Manifiesto Comunista es consecuencia de un gran trabajo de investigación, de un enorme esfuerzo teórico por parte de Marx y Engels; el escrito se convierte en una visión materialista de la historia, del desarrollo del capitalismo y las clases sociales que se confrontan; en él se establece el rol de la clase obrera y de la organización que dirigirá la lucha por la revolución, así como delas medidas que se tomarán en la sociedad que remplazará a la actual. A la vez, se constituye en una sistematización de la experiencia de lucha de los trabajadores y pueblos. A mediados del siglo XIX, la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado comenzó a conmover la vida de los países más desarrollados de Europa. En Lyon, el centro de la industria textil francesa, tuvo lugar la primera revuelta de obreros en 1831. Entre 1838 y 1842, el movimiento de los cartistas ingleses, llegó a su punto culminante. En Alemania, las masas proletarias comenzaron a plantear sus demandas en los años cuarenta, como fue el caso de la revuelta de los tejedores de Silesia en 1844. Las luchas obreras crecían en la medida que el capital industrial rompía fronteras, la producción artesanal cedió su lugar a la producción maquinizada a gran escala, y los pequeños artesanos cayeron bajo el dominio del gran capital.


La riqueza de la experiencia histórica sólo podía ser sistematizada por una teoría nueva, que descubra la esencia de las relaciones capitalistas de producción. Según su amigo de lucha, esta teoría maduró en la mente de Marx en 1845 y se la expuso a Engels cuando se reunieron en Bruselas, en la primavera de 1845.


Para esta titánica acción, Marx depuró del método dialéctico de Hegel su contenido idealista; recogió los elementos más importantes del materialismo contemplativo de Feuerbach, combinando la ciencia con la práctica revolucionaria, aplicando el materialismo al estudio de la historia de la sociedad humana.


Como lo señala Adoratsky: “Los resultados del trabajo de propaganda realizado por Marx y Engels no tardaron en hacerse sentir. En el invierno de 1846-1847, Joseph Moll, uno de los miembros del Comité Central de la Liga de los Justos, fue delegado en Londres para visitar a Marx en Bruselas. Moll fue facultado por sus camaradas para invitar a Marx y Engels a unirse a la Liga, y transmitió la solicitud a Marx para que, si él y Engels estuvieran de acuerdo en unirse, participen en el próximo Congreso y expongan ahí sus puntos de vista teóricos, de tal manera que puedan ser publicados como el programa oficial de la Liga.”


En el Congreso de la Liga, reunido en el verano de 1847, en Londres, tuvo lugar su reorganización, aprobándose sus estatutos, en los que la tarea de la organización se definía de la siguiente manera: “El derrocamiento de la burguesía, la dominación del proletariado, la destrucción de la vieja sociedad burguesa basada en los antagonismos de clase, y el establecimiento de una nueva sociedad sin clases y sin propiedad privada.”


Para que la Liga adopte un programa justo, los debates aún continuaron, Marx en el II Congreso desarrolló la explicación de los elementos principales; todas las discrepancias fueron superadas y el Congreso reconoció, por unanimidad, como correctos los puntos de vista esbozados y defendidos por Marx. Es en este evento en que se le encarga a él y su amigo Engels para que elaboren un manifiesto que sería asumido como programa de la misma. El manuscrito del Manifiesto fue enviado a finales de enero de 1848, de Bruselas a Londres, donde se imprimió y vio la luz del día en febrero de 1848.


“Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.” señalarían Marx y Engels en el Manifiesto.



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Como lo señalara Umberto Eco, el Manifiesto Comunista “comienza con un formidable golpe de timbal, como la Quinta Sinfonía de Beethoven: “Un fantasma recorre Europa” (no olvidemos que estamos todavía cerca del florecimiento prerromántico y romántico de la novela gótica, y los espectros son entitades que hay que tomarse en serio). Sigue justo después una historia a vuelo de águila de las luchas sociales, desde la antigua Roma hasta el nacimiento y desarrollo de la burguesía, y las páginas dedicadas a las conquistas de esta nueva clase “revolucionaria” constituyen su poema fundador, todavía válido para quienes apoyan el liberalismo.”


El primer capítulo, titulado “Burgueses y proletarios”, ofrece una reseña del desarrollo histórico de la sociedad capitalista, describe el papel desempeñado por la burguesía en la historia y el origen del proletariado, en estas páginas se explica el proceso de transformación de la clase obrera y revela su papel como “sepulturero” de la burguesía.
El segundo capítulo, “Proletarios y comunistas”, describe el papel del partido comunista y su relación indisoluble con la clase obrera como vanguardia de la clase. “Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto” lo señalaron en su obra.


En esta parte, Marx y Engels demuestran que la destrucción de la propiedad burguesa garantiza la propiedad personal de los trabajadores, pues es la propia industria y el desarrollo del capitalismo la que la abolió.


Al final del capítulo se enumeran las medidas revolucionarias que deberá realizar el proletariado al llegar al poder. El desarrollo de la lucha de clases determinó que se ratifiquen los principios generales aunque varias de las medidas prácticas deberían ser revisadas, este criterio es expresado por los propios autores en el prólogo a la edición alemana de 1872.
El tercer capítulo es un análisis de las distintas formas de socialismo existentes a la época, es una crítica a las corrientes burguesas o pequeñoburguesas al interno del movimiento obrero, que esconden sus intenciones anti revolucionarias bajo un lenguaje “revolucionario”


En el cuarto capítulo se aborda la táctica del Partido Comunista. “Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero, al mismo tiempo, defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de ese movimiento.” “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos.


Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.” De esta manera termina esta obra histórica, que guía al proletariado internacional por 173 años.
En esta obra Marx y Engels desnudaron el capitalismo, establecieron los primeros pincelazos de la crítica al sistema, misma que se profundizará en El Capital. Los maestros del proletariado establecieron como principios fundamentales de esta sociedad:
a) la propiedad privada de los medios de producción y b) la explotación del hombre por el hombre.
Los EEUU, los países europeos, Japón, Rusia, China han devastado, saqueado y esclavizado a cientos de millones de personas en África, Asia, América Latina y el Caribe, entre otros territorios.


Según los últimos estudios de Oxfam: “Desde el año 2010, la riqueza de esta élite económica ha crecido en un promedio del 13% al año; seis veces más rápido que los salarios de las personas trabajadoras que apenas han aumentado un promedio anual del 2%. Entre marzo de 2016 y marzo de 2017 se produjo el mayor aumento de la historia en el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares, con un nuevo milmillonario cada dos días.” Como se puede apreciar, los datos demuestran la tesis establecida en el Manifiesto, que el capitalismo ha convertido a la dignidad personal en un simple valor de cambio.


La actual globalización capitalista ha mercantilizado no sólo todas las relaciones sociales, los productos de la naturaleza, los sentimientos, sino incluso los propios órganos humanos y hasta el material genético. Hoy son mercancías todas las cosas, desde las más microscópicas hasta las más descomunales.
“La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo” señaló Marx en el Manifiesto, y no se equivocó.


Las cadenas de valor están extendidas en las ramas del automóvil, textiles, electrónica y otras. Un teléfono Apple, por ejemplo, es fabricado en EEUU, Japón, Corea del Sur, Países Bajos, Francia, Italia, China y a veces incluso India y Vietnam. Un avión Boeing 787 es producido en 66 países diferentes.
El desarrollo de la ciencia y la tecnología no han suprimido la relación capital – trabajo, se ha perfeccionado, convirtiéndose los procesos productivos en una verdadero desangre de plusvalía.
En América Latina y el Caribe, el 16% de los trabajadores asalariados y el 28% de los trabajadores por cuenta propia se encuentran en situación de pobreza, es decir, ganan menos de un dólar diario. Las protestas protagonizadas por los trabajadores, jóvenes, mujeres, en varios países de Europa, América y Asia, son resultados concretos de la lucha de clase de los pueblos que no aceptan tales condiciones y resisten colectivamente a la política reaccionaria de la clase dominante.


El análisis actual que se puede hacer del Manifiesto Comunista constata el fracaso histórico del capitalismo y su fase imperialista, este fracaso ha tenido como contrario la resistencia popular, a través de varias formas, la lucha armada, la participación electoral, el combate a la corrupción, la lucha por salarios justos entre otros, reafirman la vigencia y actualidad del pensamiento revolucionario en pleno siglo XXI.

sábado, 13 de febrero de 2021

Miniserie EL TREN DE LENIN

febrero 13, 2021

 

Trailer






Parte 1

Tren de Lenin 1

En 1917, un hombre de negocios judío propone a Alemania un plan para poner fin a las hostilidades en el frente oriental: permitir el regreso a San Petersburgo de Vladimir Lenin, al que había conocido en su exilio suizo. parte 2 aquí: https://www.facebook.com/116516588422707/videos/215165823470678

Publicado por Juventud Revolucionaria del Ecuador en Jueves, 24 de diciembre de 2020

Parte 2

Tren de Lenin 2

Hambre, miedo, y violencia aumentan en un tren con rumbo a Rusia que transporta a Lenin y a un posible asesino. Parte 1 aquí: https://www.facebook.com/116516588422707/videos/220102713075671

Publicado por Juventud Revolucionaria del Ecuador en Jueves, 24 de diciembre de 2020

Arauz y Correa no representan a la juventud

febrero 13, 2021

 

Con el cuento de un "candidato joven que representa a los jóvenes", que incluso ahora se autodenomina feminista animalista, el correísmo pretende que la juventud vote por quienes en 14 años de gobierno dejaron más de 1.2 millones de jóvenes sin poder ingresar a la universidad, 300 mil en el desempleo, más de 700 estudiantes sancionados, reubicados, torturados, encarcelados por ejercer el derecho a protestar. Estos enemigos de la juventud, ahora vienen a rogar por nuestros votos.

A ANDRÉS ARAUZ lo presentan como el joven ejemplar, el esforzado migrante, el profesional limpio, pero no es más que una máscara. No es ejemplo para la juventud un borracho que atropella peatones, que tiene denuncias por estafas, coimas y ha sido un peón de Correa, que recorrió múltiples cargos de alto rango con muy poca duración, en los que firmaba contratos a dedo y otras joyas más.

La juventud no es un botín político del cual Correa, Lasso, Nebot o cualquier otro se pueden aprovechar; la juventud por condición propia es rebelde, soñadora y aspira a un cambio, ese cambio no está en quienes estando en el poder llenaron sus bolsillos y nos perjudicaron. Arauz es la marioneta que representa ese pasado de corrupción, represión y autoritarismo, cumple el mismo papel que en su momento Moreno y ya vemos cuál ha sido el terrible resultado para el país.

Para la juventud del Ecuador, el cambio está en regresar a ver al mismo pueblo, en confiar en quienes hemos luchado contra el correísmo y morenismo, por la defensa del agua y la vida, contra la explotación y desempleo, por una mejor educación. La juventud tiene en su voto la posibilidad de elegir a representantes de su mismo pueblo y generar un cambio, o puede seguir votando por los que han destruido su presente y quieren robar su futuro.


¿La juventud es feliz?

febrero 13, 2021

 

Hace unos días, una encuesta de la asociación mundial WIN señaló a Ecuador como el tercer país con el índice de felicidad más alto del mundo, con un 77%, pero en cuanto al optimismo, está por debajo del promedio. Es decir, la gente prefiere sentirse feliz pese a que mire con pesimismo sus condiciones de vida, dejando el optimismo solo cuando mira el mañana y espera que las cosas cambien, por ejemplo con en este nuevo año, que es en lo que coinciden varias encuestadoras locales.


En contraste con la felicidad, el pesimismo es una variable que crece, en el año pasado aumentaron los suicidios, a pocos días de iniciado este año, han habido varios intentos frustrados del mismo. La soledad y depresión son sentimientos recurrentes en especial en la juventud, pese a que por ejemplo los organismos internacionales y medios de comunicación dicen que “las redes sociales nos han conectado más”. 


La prosperidad económica de un país, tradicionalmente ha sido traducida -por la burguesía- en bienestar humano, pero se diluye contrastado con el reciente estudio de los países nórdicos sobre las redes sociales y la felicidad de los jóvenes, donde se demuestra que un mayor acceso a las tecnologías y acceso al Internet, junto a un mayor consumo de redes sociales se asocia significativamente con una menor satisfacción con la vida, comparaciones sociales negativas, menor confianza en los demás, menor participación en eventos culturales y menos voluntariado. Es decir, el uso de las tecnologías y el Internet buscan construir una ilusión de “felicidad virtual” como puerta de escape frente a una realidad desalentadora. 


Las cada vez más deterioradas condiciones de vida son percibidas por las y los jóvenes, el capitalismo se fuerza por darle una de muchas alternativas con las redes sociales que se vuelven cada vez más sofisticadas, complejas y poderosas, buscan aumentar su retención en ellas para así aumentar sus ganancias, a la par que intentan alejarla de las preocupaciones del mundo real y brindarle una falsa sensación de felicidad, que no resulta, pues hasta biologicamente la inconformidad y rebeldía es una constante social y cada vez que intentan contener y engañar a la juventud, esta estalla majestuosa como un volcán.